La discontinuidad, 
la no linealidad, el deseo, la experimentación... 

 

Somos seres discontinuos y el cine de las pantallas vive para hacérnoslo olvidar, pero podemos arreglarlo. La experimentación nos libera de la forma, de la linealidad que nos aprisiona bajo los pesados golpes del minutero. Nos permite alejarnos de un tiempo sucesivo y ordenado que nos niega la posibilidad sensitiva del mundo, la capacidad del ser de entenderlo todo una forma más sencilla, más voluminosa, y a su vez más ligera, menos astringente, liberada de condicionamientos, de condiciones materiales y nominales, como el dinero, el odio, y todas las sublimaciones del deseo que nos impiden simplemente afirmarlo.
Y entorno a eso gira mi trabajo, a la discontinuidad, a la no linealidad, al deseo, y a la experimentación. Lo demás, el cine, el color, la pintura... son solo vehículos